jueves, 12 de junio de 2014

Un futuro por delante.

En el año 2003 tenía que tomar una decisión, prepararme para ser joyera o relojera. Personas de mi entorno me aconsejaron que me preparara para el mundo de la joyería porque tenía más futuro que la relojería. En aquel momento hubo una pregunta que me hizo una persona muy querida y se me quedo grabada:
¿Tú has visto, últimamente, una relojería a secas?
Mi respuesta fue que muy pocas, pues la gran mayoría de los rótulos ponen joyería y relojería. Así que decidí ser joyera.
A lo largo de mi vida he visto muchos relojes, pues mi padre es un enamorado de esas máquinas que miden el tiempo y que tan necesarias son en nuestro día a día. Él fue quien me enseño a leer la hora y a cuidar tanto los relojes que puedo decir que todavía guardo mis flik flak de cuando tenía cinco años como si fueran nuevos. 
Once años han pasado desde que tome mi decisión y he trabajado vendiendo joyería pero también relojería. Realmente no he sabido mucho de los relojes que vendía, más que lo que leía de cada uno de ellos y lo poco que la firma nos preparaba para vender el producto.
Pero la oportunidad se me ha presentado hace tan solo unos meses cuando recibí un mensaje en mi móvil para realizar un curso de Reparador de Relojes. Esta oportunidad pensé que solo se me podía dar una vez en mi vida.
Hemos empezado tomando contacto con la relojería gruesa y cada día me siento en la mesa y me encuentro un puzle lleno de ruedas, palancas, levas, grupillas, tornillos… todo pequeñísimo.


Cuando no logro que me salgan las cosas pienso que en un futuro inventaré un reloj al que le quitaré todas esas piezas que no me encajan y de alguna manera mi máquina funcionará de la misma manera. Cuando se me pasa pido ayuda a los que saben y me explican con mucha paciencia cuál es el problema, aunque a veces soy yo quien los saca de sus casillas y pienso que me inventarían ellos ese reloj que yo tengo en mente para que los deje tranquilos.
La relojería está haciendo que me sienta muy grande y muy pequeña. Es un mundo lleno de complicaciones y simplezas, más o menos como la vida. 
Me queda un largo camino en el que aprender pero espero que dentro de unos años pueda decir que no hay reloj que se me resista. Con cada nuevo concepto quiero saber más pues siento envidia cuando escucho a los expertos que máquinas merecen la pena y cuáles no y, por tanto, mantienen una conversación a cerca de modelos y marcas en el que yo me pierdo por completo.
Patricia Fernández Cebrian
Alumna Curso Reparador de Relojes 2014
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